Comentario de Vicente Merlo sobre el libro de Sri Aurobindo "El Ideal de la Unidad Humana"

En esta obra, Sri Aurobindo (1872-1950), poeta, político revolucionario, pensador y maestro espiritual, expone su pensamiento social y político. Es una obra de enorme interés y actualidad de este “hombre del renacimiento” (de la India). Puede decirse que Sri Aurobindo inició una sub-tradición dentro de la tradición hindú – la del vedanta y el yoga integral y supramental- al mismo tiempo que se convertía en uno de los pioneros del diálogo entre Oriente y Occidente y de una espiritualidad evolutiva, situando en el centro de su obra la idea de una evolución espiritual, individual y colectiva.

           

            Si en el aspecto “filosófico” (quizás deberíamos decir “gnóstico”) su obra magna es La Vida divina y en el aspecto “yóguico” (esto es la disciplina, la práctica, el trabajo interior que puede conducir a aquella) lo es Síntesis del yoga, su quehacer poético logra su consumación con el extenso poema (leyenda y símbolo) que lleva por título Sâvitri. Pues bien, su obra socio-política queda recogida especialmente en El ideal de la unidad humana y en El ciclo humano. Si en esta última puede hablarse del despliegue de toda una “filosofía de la cultura”, en la primera cabe hablar más concretamente de una “filosofía de la historia”, en la que Sri Aurobindo articula todos los conocimientos adquiridos en el campo histórico-político, a lo largo de sus catorce años de formación en Inglaterra.

 

            La tesis básica que sirve como hilo conductor del discurso de Sri Aurobindo en esta obra consiste en mostrar la existencia de una voluntad en la Naturaleza, de un designio en la Historia, de un Plan evolutivo que conduce hacia una unidad cada vez mayor y más consciente.  Así lo indica la integración de totalidades menores en otras de mayor alcance, como la familia en el clan, éste en la tribu, y así sucesivamente en una serie de “agregados sociales” hasta llegar a la nación. Ésta sería el agregado más extenso que hasta el momento ha alcanzado una madurez y un afianzamiento, por el hecho de haber llegado a producir una especie de unidad psicológica colectiva, un “ego nacional” que constituye la base del nacionalismo. De este último dice Sri Aurobindo que se apoya en un sentimiento de unidad nacional y de pertenencia a un tal agregado, que en cierta etapa de la evolución de la humanidad supuso un progreso considerable, pero que posteriormente puede convertirse en un obstáculo para el afianzamiento del ‘internacionalismo’, de una unidad más amplia que la meramente nacional. Más allá de éste, el objetivo sería la unidad final de toda la raza humana, de la Humanidad como totalidad.

 

            Sri Aurobindo analiza abundantes ejemplos históricos de los casos que va exponiendo, así por ejemplo, los diversos “imperialismos”, antiguos y modernos, que constituyen ensayos de la Naturaleza –algo prematuros para ser decisivos- y entre los cuales reciben especial atención el imperio romano, el imperio inglés y el imperio alemán. El primero como modelo clásico que ha rondado siempre las mentes de todos los imperialismos posteriores y en el cual se ejemplifican muy bien tanto los aspectos positivos (unidad, paz, seguridad, orden) como los negativos (uniformización, centralización excesiva, estancamiento a largo plazo de las fuentes de vitalidad de los pueblos conquistados y subyugados por la fuerza, etc.). El segundo como colectividad aparentemente designada por la naturaleza para realizar sus experimentos más fructíferos. Por ejemplo, la posibilidad de una unión libre y productiva de lo mejor de Occidente –a través de Inglaterra- y lo mejor de Oriente –a través de la India- si se hubiera llegado a un entendimiento y libre asociación, sin imposiciones políticas, militares, económicas ni culturales. En el imperio alemán hallamos la organización más perfecta, así como la ambición y el egoísmo nacional más desarrollado.

 

            Pero los imperios fracasaron. Los tiempos no estaban maduros. La Primera Guerra Mundial (en medio de la cual ve la luz esta obra) supone el estallido de los imperios hasta entonces reinantes; por otra parte supone un gran impulso hacia la formación de una unidad más estrecha de la humanidad. Esta unidad puede lograrse de modos diferentes, fundamentalmente dos. El primero sería un Estado-mundial destinado a terminar siendo una maquinaria fuertemente centralizada, burocratizada y uniformizadora, que tras un breve período de prosperidad, paz y desarrollo comenzaría a estancarse y debilitarse, tal como sucedió en el imperio romano. En las condiciones actuales de la humanidad su consecución exigiría una buena medida de imposición por la fuerza, y la unidad lograda (económica, administrativa, política y militar) no dejaría de ser algo superficial, mecánicamente impuesto desde el exterior y por tanto destinada a ser quebrada más pronto o más tarde por el impulso de libertad y libre variación, que habría sido ahogado en aras del principio de autoridad, orden y uniformidad. Probablemente surgirían tendencias anarquizantes para combatir la excesiva rigidez, desembocando quizás en el extremo opuesto, tal como la historia muestra que sucede en tales casos. Sin dejar de reconocer las ventajas de tal Estado mundial y señalando que se trata de la tendencia más fuerte en esos momentos históricos –a través del socialismo estatalista- Sri Aurobindo muestra que no es el proyecto social que debería ilusionarnos, sobre todo porque el ideal de libertad sería gravemente dañado.

 

            La segunda alternativa consiste en una Unión Mundial más libre que podría adoptar dos formas: una Federación mundial bastante estricta o una Confederación mundial de Estados libres. En cualquiera de estos dos casos, para que la unión sea verdaderamente libre, deben cumplirse tres condiciones: 1) La eliminación de toda guerra. 2) El reconocimiento del derecho de auto-determinación. 3) Una nueva organización económica por mutuo acuerdo y respetando los intereses de todos los países. Como puede verse, se trata de puntos cruciales en los aspectos militar, político y económico respectivamente.

 

            Tal unidad es ya una necesidad histórica, pues forma parte –afirma Sri Aurobindo- del propósito inherente a la Naturaleza. No obstante, cuándo y cómo se realice escapa a nuestro conocimiento. Nuevas tendencias, hoy impredecibles, pueden surgir con fuerza insospechada creando condiciones nuevas y favorables, aunque bien es cierto que también pueden sobrevenir nuevas catástrofes que retrasen la posible evolución de la humanidad.

 

Puede llamar la atención que en esta obra de más de trescientas páginas apenas leamos referencias a la dimensión espiritual, omnipresente en el resto de la obra de Sri Aurobindo. Tan sólo en los últimos capítulos se insinúa la importancia no de una posible “religión mundial”, en el sentido de un credo y un ritual compartido por todos, sino de la verdadera “aspiración espiritual” y de la vivencia de la unidad real, antropológica-espiritual, de la experiencia del Alma-una de la humanidad, a través de la experiencia de la propia alma individual, pues allí se celebra el misterio de la unidad y la diversidad, del orden y la libertad simultáneamente, el secreto que debe ser revelado en la estructura social. Pues, “libertad, igualdad y fraternidad” constituyen los atributos esenciales del alma y del mundo espiritual. Sri Aurobindo nos recuerda que el liberalismo ha hecho hincapié en la libertad y el socialismo en la igualdad, pero que la fraternidad (hoy transformada en solidaridad) se ha mostrado como el ideal más difícil de realizar, cuando en realidad es la clave de los otros dos. Sin ella no es posible realizar y conciliar plenamente la libertad y la igualdad en el ámbito social. Pero la fraternidad existe auténticamente sólo en el alma y por el alma. De ahí que el despertar del alma en el hombre y el vivir desde ella y no desde el ego constituya el verdadero significado de la espiritualidad trans-religiosa de la que Sri Aurobindo puede considerarse portavoz.

 

Vicente Merlo